Por: José L. Ricardo

Lucerna- La tercera Reforma tributaria a favor de las Multinacionales fue rechazada de manera amplia por el pueblo helvético. Tal reforma pretendía por tercera vez rebajar los impuestos a las transnacionales que tienen sede en la confederación suiza. El argumento que argüían los   partidos Neoliberales era la falacia de salvar y asegurarle a  los electores los puestos de trabajo, creando así un ambiente de temor. Por otro lado, el trabajo conjunto de los sindicatos, el partido Verde, el partido Socialdemócrata y algunas figuras de la vida pública, tanto del espectáculo como de la política, condujeron a levantar las banderas de la oposición aludiendo que la clase media no podía cargar más con el peso tributario de una responsabilidad propia del empresariado transnacional que tiene asiento en el país.

En el mundo es ya conocido, por muchos especialistas, el papel que ocupa la Suiza en el tablero económico mundial que actúa como una sede confiable para las multinacionales que, además, están auspiciadas desde la OECD; la cual ejerció una fuerte presión sobre el gobierno federal suizo, para que sus políticas económicas fueran tomadas en cuenta en el parlamento. Ahí contaron con el apoyo, contundente, de los partidos neoliberales que, en sí, son la mayoría. No obstante,  la confederación Helvética posee un mecanismo que es de suma importancia para el ejercicio de la democracia moderna, es decir, el referendo. Esta  herramienta democrática fue tomada por la oposición para presentarle al pueblo las  graves consecuencias de una reforma en beneficio de las multinacionales.

Como ya lo había mencionado hubo un acuerdo entre los verdes, los socialdemócratas y los sindicatos con el fin de rechazar en las urnas la propuesta neoliberal del ministro de finanzas, la cual consistía en: un cambio de la situación fiscal de algunas empresas tipo holding, descenso del impuesto sobre las utilidades en los cantones y  tributación parcial de los dividendos.

Con estas gabelas al capital transnacional llevarían al estado suizo, obligatoriamente, a tapar el hueco dejado por ellas y recurrir a la reducción del gasto público, para mantener la balanza en las finanzas del país. Sin embargo los electores no cayeron otra vez en la trampa propuesta por los sectores más amigos de la OECD y, por ende, votaron en contra de esa política económica impopular y anti-soberana. Demostrando de esta manera que una ciudadanía organizada y activa, políticamente, sabrá defenderse y descifrar las mentiras de los enemigos del pueblo.