Rodrigo Borja

Por Rodrigo Borja  

Espacio y tiempo son las dos grandes dimensiones en que se ha desenvuelto la vida. Aristóteles sostenía que el espacio y el tiempo eran valores absolutos e independientes entre sí. Isaac Newton compartió esta afirmación. El físico alemán Alberto Einstein, a principios del siglo XX, estableció nuevas correlaciones entre ellos en el marco de su “teoría de la relatividad” y con su célebre ecuación “E=mc2” revolucionó las ideas tradicionales acerca del espacio, el tiempo y el movimiento.

Fundidos en una sola realidad, espacio y tiempo han sido las coordenadas que han señalado la posición geográfica, cósmica y planetaria de la vida del hombre y de todos los fenómenos conexos con ella.

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Por Rodrigo Borja  

Me libré del trágico terremoto en Ecuador porque estuve en Harvard para dictar una conferencia sobre el calentamiento global y los desórdenes del clima. Allí dije que la armonía cósmica y el orden universal no existen. En el universo impera el caos. Lo que ocurre es que es tan diminuto el punto de vista del hombre sobre el cosmos y tan efímera su presencia en él, que le ha costado distinguir el desorden que impera en el universo.

Habitamos en un pequeñísimo planeta que forma parte poco significativa de una galaxia no muy importante en términos cósmicos.

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Por Rodrigo Borja  

Se denomina así una pequeña y estrecha calle del sur de la ciudad de Nueva York, de menos de un kilómetro de longitud, en cuyos tempranos tiempos fue una vía construida a lo largo de una pared levantada en 1653 para proteger, durante la era colonial, el bajo Manhattan -que era la parte holandesa de la ciudad- de las incursiones de sus vecinos, los colonos británicos del norte, que terminaron por echarla al suelo 46 años después.

Este es el origen de su nombre: la “calle de la pared”, es decir Wall Street. 
En ella se encuentra emplazado hoy el más importante centro financiero del mundo, hasta el punto que el nombre de la calle se ha convertido en el símbolo universal del capitalismo. O sea el símbolo del poder y del dinero y también el símbolo del poder del dinero.


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Por Rodrigo Borja  

Lejos de lo que generalmente suele suponerse, las elecciones presidenciales de Estados Unidos no son directas sino indirectas. Los ciudadanos no votan por el candidato sino que eligen un grupo de “compromisarios”, quienes son los encargados de votar por presidente y vicepresidente en una segunda elección. De modo que entre los ciudadanos —que son los electores primarios— y el elegido se interpone un cuerpo de grandes electores. 

Cada uno de los partidos, mediante elecciones primarias internas —las “primary elections”, que fueron un invento noteamericano hace más de dos siglos—, designa su candidato presidencial entre los varios aspirantes.

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Por Rodrigo Borja  

Es la denominación que se dan a sí mismos los latinoamericanos en Estados Unidos. Se llaman también “hispanics”, “latinos”, “spanish-american”, “chicanos” (si son mexicanos) y de varias otras maneras. Según datos que poseo -datos del 2009-, los hispanos sumaban -excluyendo a los puertorriqueños- 44 519 196 dentro de una población de 307 millones de estadounidenses y constituían la más numerosa minoría de ese país compuesto de múltiples minorías.

De los inmigrantes hispanos documentados o indocumentados, el 58,7% procede de México, el 15,1% de América Central, el 10,1% de Cuba, 4,8% de República Dominicana, 4% de Colombia, 2% de Perú, 2% de Ecuador, 1,3% de Argentina y 2,3% de los demás países de la región.

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Por Rodrigo Borja  

El día en que un jubilado del ferrocarril de Estados Unidos —llamado Edwin Drake— decidió hacer un agujero en la tierra para extraer un extraño y oscuro líquido viscoso en una aldea de Pennsylvania, cambió el rumbo de la historia humana: se había descubierto el petróleo.

Fue en 1858.Dos décadas después John D. Rockefeller fundó la “Standard Oil Trust” para dedicarse a la explotación de hidrocarburos y Henry Ford montó 15 años más tarde el primer motor de explosión sobre un automóvil. Había empezado la era del petróleo. Y con él, las guerras, los golpes de Estado, los conflictos y la corrupción de una historia que se ha escrito con este pegajoso y maloliente líquido surgido de las entrañas de la tierra.

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Por Rodrigo Borja  

Fue Winston Churchill quien en 1950 acuñó la frase “parley at the summit” (discusión en la cumbre). A partir de ese momento empezó a difundirse en Europa esa expresión para designar las reuniones bilaterales o multilaterales de jefes de Estado y jefes de gobierno. Pero fue el diplomático y escritor uruguayo Adolfo Castells quien inventó el ingenioso término “cumbremanía” para describir la tendencia a abusar de las reuniones cimeras que hoy impera en el mundo.

Ellas han proliferado y culminan siempre con pomposas y generales declaraciones que se las lleva el viento. Hasta el extremo de que el gobierno de Estados Unidos pidió a mediados de 1995 una “moratoria” de esas cumbres, ya por el alto costo que demandan, ya porque su misma utilidad está en entredicho.

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Por Rodrigo Borja  

César Cantú relata en su monumental "Historia Universal" que Luis XVI, al oír el vocerío del pueblo insurrecto en las afueras del palacio, preguntó ingenuamente: "¿Es un motín?" Y Liancour le respondió: "señor, decid más bien una revolución". El monarca, obviamente, no había percibido que Francia estaba preñada de trascendentales acontecimientos que habrían de cambiar no sólo su vida interna sino la del mundo civilizado de la época.

Por analogía con el movimiento que describe un cuerpo al girar sobre su eje, de modo que su parte inferior se coloca arriba, llámase "revolución" a la transformación profunda, violenta, acelerada e irreversible de la organización estatal, que subvierte totalmente la estructura social.

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