Rodolfo Arango

Por Rodolfo Arango  

No es serio que el senador Uribe sugiera que el presidente Santos quiere entregarle el país a la guerrilla de las Farc. Tampoco es serio que este último riposte que el Centro Democrático quiere condenar a los colombianos a 100 años más de violencia. Ninguno de los dos es serio cuando acusa al otro de querer engañar, manipular o mentir a la población. La desproporción de sus dichos y el peligro de las consecuencias no son dignos de quienes ostentan o han ostentado las más altas responsabilidades públicas. Eso debe cambiar.

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Por Rodolfo Arango  

La nación colombiana anda golpeada. Sus luchas intestinas distraen el cuidado de sus riquezas naturales y culturales. Élites decadentes y subversiones obsolescentes distraen la atención de los asuntos urgentes y fundamentales. Ambos actores son responsables del daño y del atraso colectivos. El pueblo clama, exige, la terminación del conflicto. Condena la estupidez y el dogmatismo; la levedad y el fundamentalismo. Es hora de superar el odio y permitir la construcción de un nosotros todavía en ciernes.

A un pueblo no le basta acordar vivir bajo un orden político; tiene también que quererlo. De lo contrario, la primera crisis puede retornarnos al pasado.

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Por Rodolfo Arango  

Menos armas, más pensamiento. Tal debería ser la consigna del posconflicto. Necesitamos una verdadera profilaxis mental que nos permita reemplazar el lenguaje de la muerte por el de la vida; sustituir los fierros por las ideas; desarrollar la ciencia y privatizar la religión; expandir la creatividad y sepultar la violencia. El esfuerzo que deberemos hacer es monumental. No se trata solo de disminuir el número de efectivos armados, sino de desterrar el uso del pensamiento armado. Colombia está cansada de la necrofilia; clama por una ética, una estética y una política diferentes.

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Por Rodolfo Arango  

En la elección de contralores y personeros, el país se enfrenta a una encrucijada: poner a andar un sistema político con controles, propio del esquema Gobierno versus partidos de oposición, o permitir el ejercicio del poder sin controles reales, más propio de dictaduras o tiranías.

El problema (o la feliz oportunidad) lo suscita la reforma constitucional de 2015: los contralores, que se ocupan del control del gasto público y fiscalizan el buen manejo del erario, no serán ya candidatos postulados por magistrados de tribunal, sino que se seleccionarán vía convocatoria pública, basada en el mérito y siguiendo los principios de transparencia, publicidad, objetividad, participación ciudadana y equidad de género. No obstante, asambleas y concejos cavilan sobre el camino a tomar, porque aún el Legislador no ha reglamentado la forma en que deberá realizarse la respectiva convocatoria.

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Por Rodolfo Arango  

Pocos años antes de su muerte, Ronald Dworkin propuso distinguir entre democracia mayoritaria y democracia asociativa. La primera busca ganar a como dé lugar la mayoría decisoria, lo que incluye vínculos estrechos con poderes económicos, influencia en órganos de control electoral e, incluso, el uso de recursos y cargos públicos para alcanzar las metas. Principio fundamental de la segunda es la competencia política basada en la responsabilidad individual y la dignidad de los coasociados. La democracia de mayorías puede asegurar hegemonía y éxito, pero no excluye la violencia que supone atropellar al contendor.

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Por Rodolfo Arango  

¿Preferiría usted, querido lector universal, vivir en un país en que todos asistieran a una educación pública gratuita y de calidad; un país con partidos políticos responsables y democráticamente organizados; un país con una población campesina, afro e indígena cohesionada, autónoma y defensora de sus tradiciones culturales y de la diversidades nacionales?

Educación, partidos políticos y campos en función de un país democrático es algo posible, deseable. Para lograr esta meta se necesitan visión y décadas de políticas públicas bien diseñadas y eficazmente ejecutadas. Pero con la clase dirigente actual nada de eso es posible. Por el contrario. La desigualdad y la violencia están aseguradas.

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Por Rodolfo Arango   

El consenso político no se reemplaza por los procedimientos legales. Tampoco la política, y menos la politiquería, sustituye la ética como fundamento de la convivencia pacífica. Pero en Colombia pretendemos que el déficit de consenso político y ético se aplaque mediante la negociación política del derecho. Por esa vía cualquier paz será efímera, inestable. Las nuevas exclusiones ocuparán el lugar de las antiguas, y el resentimiento de los unos se trocará en el de los otros, con resultado suma cero. La meta a largo plazo es evidente: construir un derecho democrático sobre bases éticas compartidas para un pueblo dado a mañas e injusticias. Una tarea nada fácil. 

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Por Rodolfo Arango   

Con ese bello título, Martha Nussbaum publicó su libro sobre fortuna y ética en la tragedia y la filosofía griega. 

El libro inicia con la afirmación de Píndaro: “Pero la excelencia humana crece como una vid, nutrida del fresco rocío y alzada al húmedo cielo de los hombres sabios y justos”. Y es que “la peculiar belleza de la excelencia humana reside precisamente en su vulnerabilidad”, nos recalca la autora. Sirva lo anterior no sólo para hacer un homenaje a una de las filósofas vivas más influyentes del mundo, quien en buena hora recibirá pronto un doctorado honoris causa de la Universidad de Antioquia, sino también para reivindicar la importancia de las artes, la literatura y, en general, las humanidades en la formación de personas dispuestas a cultivar el bien en la vida personal y de la comunidad. 

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