Por Octavio Quintero  

Dicen las informaciones que circulan a través de la Red Virtual de Pensionados, porque sobre estos temas sociales los medios tradicionales son ciegos, sordos y mudos, que un buen número de representantes se ausentó del recinto de la plenaria de la Cámara el lunes 11 de abril, con manifiesta intención de desbaratar el quórum para que no siguiera adelante el debate sobre la reducción de los aportes de los pensionados a salud del 12 al 4 por ciento. Y de paso, otros tantos se declaraban impedidos, dizque por tener familiares pensionados… ¡Qué pulcritud, qué honestidad! Así fueran siempre: ¡Aleluya!

La tarea ahora de los pensionados es obtener la lista de los que le sacaron el bulto al debate, huyendo de la plenaria de la Cámara como las ratas por entre las alcantarillas; y mediante una acción masiva, de esas que se conocen como “viral en la red”, publicar los nombres de estos bellacos que, en gracia a que con el voto de todos nosotros alcanzaron una curul en el Congreso, consideran solucionado su problema económico de por vida sin ninguna responsabilidad social.
 
Hay que estigmatizarlos, en el más amplio sentido de la palabra, es decir, marcarlos, afrentarlos, infamarlos... No se merecen más ni tampoco menos.
 
En cuanto a los que tratan de escudarse en hipotéticas inhabilidades, vale llamarlos ridículos e imbéciles que nos creen a todos bobos…  Por poner un solo ejemplo, entonces, ¿por qué no se declararon impedidos en el 2012 cuando se tramitó en el Congreso la ley 1607 que eximió del pago del aporte a salud a los empleadores?
 
Podría apostarse uno a mil a que todos los congresistas tienen algún pariente cercano con empresa propia, que seguramente resultó beneficiado con la norma mencionada… O, para no ir tan lejos, ellos mismos son dueños o accionistas de empresas porque, para el caso, nuestros representantes y senadores, con honrosas y pocas excepciones, son más empresarios en causa propia o en beneficio de terceros, que legisladores en la causa del interés general.
 
Uno hasta acepta que lo derroten con argumentos lógicos… Pero que acudan a tan vulgares artimañas, no tiene excusa…
 
Y, por último: no sigan disparándole al ministro de Hacienda: ¡pobre diablo! No pasa de ser un mandadero más del presidente Santos; y, este último, tampoco pasa de ser el comodoro del Imperio.
 
Puede salir del Ministerio el señor Cárdenas, y lo mismo será con el que llegue; Puede salir de la Presidencia el señor Santos, y lo mismo será con el que le suceda… Aquí no cabe más alternativa que tumbar al régimen…
 
Pero ahora también, bien vale recordar al periodista H.L. Mencken cuando llamó “imbéciles” a todos los estadounidenses que seguían votando a favor de las ambiciones de los más ricos, antes que en pro de las clases medias y bajas más necesitadas.