Por Octavio Quintero  

Por enésima vez se intenta una moción de censura en el Congreso colombiano contra un ministro;  y, como en el poema de Marroquín… “Aquella perrilla, sí, cosa es de volverse loco, no pudo coger tampoco al maldito jabalí”.
 
Y en el correspondiente debate llevado a cabo el lunes 04 de abril, se escucharon afirmaciones “de labios para afuera”:

El ministro, Mauricio Cárdenas, dijo: (…) “No me estoy guiando por motivaciones personales o políticas”.

“Y un espíritu burlón, que entre las sombras había, se reía, se reía”, dice Carrere en su poema, La musa del arroyo, para seguir con los vates.
 
Pero más sorprendente fue la afirmación del menguante director del Partido Liberal, Horacio Serpa:

(…), “lo que pasa es que la mayoría de los miembros del Senado y de la Dirección de la colectividad no consideramos que esa circunstancia (la venta de Isagén) sea suficiente para justificar la moción de censura al señor Ministro de Hacienda”.
 
A ver, a ver: vamos por partes: la figura de la privatización de empresas del Estado se circunscribe solo a aquellas que por circunstancias especiales son imposibles o indeseables  de sostener a cargo del erario público. Luego, en la venta de Isagén, una empresa bien manejada y absolutamente rentable, se violó ese principio. ¿Por qué? “Averígüelo Vargas”, dice el docto vulgo que, aquí en este caso, puede tomarse literalmente, ya que los recursos de Isagén irán a parar a los bolsillos de los poderosos concesionarios, hoy consentidos del Vice Vargas Lleras, en el montaje de una de las campañas presidenciales más anticipadas y más descaradas que recuerde la historia política colombiana.
 
Otra norma de la privatización de bienes del Estado obliga la venta en subasta pública y en remate. Al negocio de Isagén solo se presentó un proponente, y para más impedimento, venido de ser condenado en Brasil por el escándalo de Petrobras, hoy de conocimiento y dominio internacional, a tal punto, que tiene bailando en la cuerda floja al propio gobierno de la presidenta Dilma Rousseff.
 
Si la venta de Isagén no era suficiente para la moción de censura, según la peregrina declaración de Serpa, ¿por qué no se adicionó entonces el escándalo de Reficar, por el que tanto la Procuraduría como la Fiscalía ya la abrieron sendas investigaciones al ministro Cárdenas, indicando que en ese caso, sí hay méritos para dudar de la probidad y aptitud de Cárdenas como ministro de Hacienda?
 
Uno lo que ve es que el poder presidencial de Colombia hace la del gato: todo lo tapa. En el pasado reciente, Uribe tapó a Santos y en el hoy, Santos tapa a Cárdenas. Es el mismo “tapen, tapen,  tapen” que espetó en el senado el demonizado Laureano Gómez (1950)… ¡Y cuánta razón tenía y tiene desde la tumba!
 
En este orden de ideas, seguir hablando de equilibrio de poderes, es una quimera; seguir hablando de democracia, es un lugar común que va quedando solo para bautizar movimientos políticos tan antagónicos en su ideología y principios como el Centro Democrático del ultraderechista expresidente Uribe y el Polo Democrático de la auténtica izquierda colombiana comandada por el aguerrido senador, Jorge Enrique Robledo, que nuevamente se quedó, él y todos nosotros, los que seguimos luchando por alcanzar la conformación de un país más justo, más equitativo y, sobre todo, más honrado, con los crespos hechos.