José Arlex Arias Arias

Por José Arlex Arias Arias  

Los dirigentes hicieron varios intentos para reformar o sustituir la Constitución Política de 1886, que rigió la vida constitucional de Colombia hasta finales del siglo XX cuando fue derogada por la Constitución de 1991. La primera había nacido en la llamada Regeneración de Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro y la actual la presentaron como una respuesta al acorralamiento del Estado por fuerzas oscurantistas, pero que se debió realmente a la situación geopolítica internacional, producto de la caída de la Unión Soviética y el inminente predominio de Estados Unidos, ejercido con la implementación de la globalización y el modelo neoliberal. Por esas “calendas” se hacen reformas del mismo corte en toda América. La Constitución de 1991 se convirtió en el marco jurídico del modelo neoliberal para los colombianos.

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Por José Arlex Arias Arias  

El compromiso de los gobernantes colombianos con el Consenso de Washington, consistente en una especie de reconquista del “Patio Trasero” por parte de Estados Unidos, a través de sus multinacionales, implica acondicionar la superestructura –constitucional, legal, económica y social– del país a sus requerimientos. Se trata de todo un proyecto para la retoma económica, por lo que se hizo necesario tener “las armas” para controlar la reacción de los sectores perjudicados. “Esas armas” van desde fomentar la división, enfrentar a los movimientos sociales, aislar a los “belicosos”, corromper a unos dirigentes, cooptar a otros y estigmatizar a los demás, hasta lanzar campañas de desánimo y alienación y “fortalecer las legislaciones” para dar castigos ejemplarizantes a quienes osen desafiar con huelgas y protestas el status quo. Se trata de que haya un “unanimismo” que permita el saqueo de los recursos.

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Por José Arlex Arias Arias  

La llegada al Congreso de parlamentarios con una visión diferente a la del Gobierno Nacional nos permite contrastar la opinión oficial, que es tarareada por los grandes medios de comunicación, buscando generar el unanimismo, contrariando los principios de la comunicación social; para estos, lo único que tiene validez es consolidar un modelo de desarrollo que concentra la riqueza en multinacionales y grupos económicos, pauperizando al resto de clases sociales. Las consecuencias de este modelo son palpables: un aparato productivo –industria y agro– arrasado y, por lógica, la producción nacional es sustituida por la extranjera, generando un desempleo estructural que es reemplazado por la informalidad y el abaratamiento de la mano de obra.

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Por José Arlex Arias Arias  

El pasado diecisiete de marzo se realizó en Colombia una gran jornada nacional de protesta, que en muchos sectores tomó la forma de paro de actividades; esta movilización tuvo como característica que en ella hicieron presencia gremios de la producción, profesionales, parlamentarios, organizaciones civiles, trabajadores del campo y de la ciudad, informales y desempleados, aglutinados en el Comando Nacional Unitario, que radicó al presidente Santos un pliego de peticiones, entre las cuales se destacan: alza de salarios, defensa del patrimonio público, revisión de los Tratados de Libre Comercio, defensa de la producción nacional, salud y educación a cargo del Estado, promoción del empleo digno y decente, protección del medio ambiente y la población por encima de los proyectos mineros, reducción de precios de combustibles y de peajes, que la reforma tributaria sea para eliminar exenciones a multinacionales y potentados, tierra para la producción campesina, garantías plenas de derechos humanos, libertades sindicales y la no criminalización de la protesta, fortalecimiento del régimen de prima media de pensiones, reconocimiento de las prestaciones de militares y policías, disminución de la tasa de interés, protección a la economía solidaria, una política concertada contra la corrupción y la impunidad y un programa sobre la situación de hambruna y sed en La Guajira.

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Por José Arlex Arias Arias  

Ante el fracaso del Área de Libre Comercio –ALCA–, una gigantesca zona franca en la cual las multinacionales gozarían de todas las prebendas, EEUU implementó su Plan B, en forma de Tratados de Libre Comercio. Los cartageneros no olvidamos que en esta ciudad, el 18 de mayo de 2004, inició la primera ronda de negociaciones del TLC con Estados Unidos; día en el que una manifestación de 50 mil personas, precedida por gremios de la producción, parlamentarios, personalidades democráticas y organizaciones sociales, fue violentamente reprimida, “gaseando” a los manifestantes con todo tipo de líquidos y dándoles un tratamiento de guerra. Así impusieron el tratado de anexión de la economía colombiana a los intereses de Estados Unidos.

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Por José Arlex Arias Arias  

Toda opinión es factible de controversia ya que es una expresión subjetiva, a fuerza incluso de que muchos la compartan. Algunos “hacedores” de opinión se devanan los sesos para “vendernos” una Colombia pujante, en vías al desarrollo, profundamente democrática, incluyente y lista para codearse con las naciones avanzadas, en un circuito de poder llamado Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico –OCDE–. Ello a pesar de que somos uno de los países más desiguales del mundo, con una economía en barrena, miles de muertos por el hambre, unos sistemas privatizados, deficientes y caros de salud, educación y servicios públicos, grandes escándalos de corrupción y una violencia que afecta la vida de millones de ciudadanos. Esto se refleja en que la imagen favorable del presidente Santos es de solo 21% y que más del 70% de la población dice que el país va por muy mal camino.

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Por José Arlex Arias Arias  

No es ningún santo. Tiene gran capacidad de manipulación, que puede venir de su afición por el póquer –según algunos de sus biógrafos, es un buen jugador de cartas–, que es precisamente la capacidad de engaño al contrincante. Ha vivido rodeado de poder, puesto que su tatarabuelo paterno, José María Eduardo Santos Plata, y el materno, Arístides Calderón Reyes, fueron presidentes de Colombia. Antes de heredar también la presidencia, Juan Manuel Santos Calderón ingresó a la Federación Nacional de Cafeteros y durante nueve años la representó ante la Organización Internacional del Café –OIC– en Londres, facilitándole a Estados Unidos la principal agresión contra este gremio, cuando ayudó a derrumbar el Pacto del Café, golpe del cual aún no se recuperan estos productores colombianos.

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Por José Arlex Arias Arias  

Según el Pequeño Larousse: “Matón(a): es la persona que presume de valiente e intenta intimidar a los demás. Imprudente: persona que no tiene moderación, cautela en la manera de ser o de actuar, sensatez, buen juicio”. Se volvió normal escuchar a “altos funcionarios” del Gobierno de Santos dar declaraciones altisonantes, que buscan descalificar a quienes no comparten sus puntos de vista. Con sus desaguisados se puede escribir un libro: ¡Ese tal paro agrario no existe!, dijo el “Príncipe de Anapoima” para minimizar la lucha que daban los productores agropecuarios en defensa de la soberanía alimentaria.

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