Por: José Rafael Espinel Páez.

El Banco de la República nos propone volver al pasado, bajar el salario mínimo aplicando una fórmula que ya se había utilizado. El salario mínimo en un inicio fue de carácter diferenciado por el tipo de ciudad, sector económico y tamaño de la empresa; luego por zonas rurales y urbanas, hasta que en 1984 como producto del empobrecimiento de la gente, se decidió fijar un salario mínimo de cobertura nacional. Tal como lo narra Francisco Javier Lasso Valderrama en un artículo de la revista Borradores e Economía del Banco de la República del 2010.

Ahora luego de treinta y tres años, después de lecciones aprendidas, el Banco Central propone con “genialidad” anacrónica “… implementar un salario mínimo diferencial para las regiones, acorde con la informalidad laboral y la productividad de los trabajadores de cada zona del país”.  http://bit.ly/2yeYiVy  Como una supuesta alternativa para cerrar la brecha en los ingresos de los colombianos, plantea que se reduzca el   apretado  y precario  salario mínimo  Colombiano.

El dogma neoliberal reza que entre menos dinero esté circulando en el país, hay menos posibilidades de que la inflación crezca.  Es por eso que la respuesta para solucionar la honda crisis del modelo económico vigente, que  han respaldado todos los gobiernos desde 1991,  siempre es la misma, nivelar por lo bajo la economía, así estas medidas reduzcan la capacidad de compra de los colombianos  estrangulando el mercado interno, es decir   la compra y venta de bienes y servicios principalmente nacionales, obviamente el desenlace es: menos salario, menos consumo, menos venta, e inevitablemente menos producción nacional.

El criterio propuesto de salarios diferenciados contribuye, junto con la evasión de impuestos y la invasión de productos importados de los Tratados de Libre Comercio, a la quiebra del empresariado y por ende menos puestos de trabajo productivos, en el país. Dicho con otras palabras, si no hay dinero circulante, los comerciantes no tienen a quien venderle y tampoco tienen como comprarles a los productores de la ciudad y el campo, luego estos por lo tanto, tendrán que dejar cesante mucha mano de obra.

De esta manera solo saldrán ganando los que viven de importar productos baratos de mala calidad, del manejo especulativo del dinero, la mermelada, la corrupción, desmantelamiento del estado y otras cosas mas. Lo anterior es importante tener en cuenta en las elecciones presidenciales del 2018, pero en particular al final de año cuando se inician las discusiones sobre el salario mínimo, entre Gobierno Nacional, los sindicatos y los empresarios. 

Como evidencia, de que esta conspiración es generalizada contra todo el país, veamos en el periódico de Cúcuta La Opinión, un comunicado fechado en Bogotá el 26 de octubre de 2017, publicado por FEDEARROZ, dirigido a la comunidad arrocera del país, señala que para controlar el precio del arroz el “…área de siembra a nivel nacional no debe pasar anualmente de 450 mil hectáreas…” Esto es inaudito, en vez de combatir el contrabando, las importaciones con bajos aranceles, renegociar los TLC y combatir la corrupción, se llama de manera inconsecuente a los agricultores a no sembrar, lo que equivale a maniatarlos, para que no generen riqueza nacional.

Esto no puede continuar, con Jorge Enrique Robledo Castillo, candidato a la presidencia de Colombia, los trabajadores, empresarios y pueblo en general NOS TOCA  derrotar, a “los mismos con las mismas” que viven de lucrarse  de su sumisa tarea, de nivelar por lo bajo a Colombia.

                                                                                                                               

                                                                                                                             Cúcuta noviembre 20 de 12017