Por Jose Arlex Arias

TRIBUNA LIBRE DE OPINIÓN

Es un hecho que una de las bases que cimienta la globalización neoliberal, con su argucia de la libertad de mercados, es la especulación. El hombre más rico de Colombia, Luis Carlos Sarmiento, como ingeniero civil, creó una organización que se convirtió en la mayor firma constructora de vivienda en Bogotá. Luego incursionó en el sector financiero fundando Seguros Alfa, después compró el Banco de Occidente, se aseguró la Corporación Las Villas, adquirió el Banco de Bogotá, incursionó a Porvenir y creó ATH, la red de cajeros automáticos del Grupo Aval. También adquirió el Banco Popular y a Ahorramás, que fusionó con Las Villas, naciendo el Banco AV Villas, y en 1998 decidió agrupar sus activos financieros en el Grupo Aval. Hoy controla los bancos de Bogotá, Occidente, Popular y AV Villas, y sus filiales Corficolombiana y Porvenir. La combinación perfecta: La especulación financiera, que es el eje de la globalización neoliberal, con especulación inmobiliaria. La especulación inmobiliaria es la compraventa de terrenos y/o bienes inmuebles, es decir, es una reventa que lleva a encarecer dichos activos y está íntimamente ligada a la especulación financiera, cuyas operaciones se transan a través de las bolsas, y cuando hay crisis y la inestabilidad aleja a los inversores de la bolsa, la especulación encuentra su mejor terreno en la compraventa de inmuebles y/o en la realización de sus garantías. 

El gobierno de Santos creó en 2012 la Agencia Nacional Inmobiliaria Virgilio Barco Vargas, cuyo objetivo era "diseñar y ejecutar un proyecto de desarrollo y renovación urbana en el área conocida como el Centro Administrativo Nacional – CAN en Bogotá”; la Empresa se constituyó como una sociedad pública por acciones simplificada, de derecho privado, con patrimonio propio; la entidad se enfocó en el desarrollo de tres grandes proyectos: Ciudad CAN, Ministerios en el centro de Bogotá y el traslado de la Base Naval de Cartagena; posteriormente se le vinculó a todas las necesidades adicionales de tipo inmobiliario y normativo para las sedes administrativas, a fortalecer la gestión de activos a través del aprovechamiento del suelo y a viabilizar la ejecución de proyectos a través de capitales públicos y privados.

En Cartagena hace años se viene hablando del traslado de la Base Naval, ubicada en la entrada de Bocagrande, sitio en donde estrangula el tráfico vehicular, una de las causas de congestión en la ciudad. La discusión pasa sobre el destino que se le daría a esos 230 mil metros cuadrados que ocupa el complejo militar. La Agencia Nacional Inmobiliaria anunció que se propone un proyecto que incluye: acuario, museo, área de eventos, parque de diversiones, muelle, puerto para cruceros, centro de convenciones y oferta hotelera –esta última albergaría dos millones y medio de turistas al año–. Los cartageneros no queremos que el gobierno nacional nos siga imponiendo un desarrollo exclusivista de la ciudad. Esos terrenos deben ser para recuperar los pulmones de aire, con amplias zonas verdes y esparcimiento para una población asfixiada por el concreto y no destinados a la especulación inmobiliaria y financiera encareciendo su vida. Un complejo hotelero y turístico incrementará la densidad poblacional y terminará beneficiando a unos cuantos. ¡Desarrollo sí, pero no así! 

 

JOSÉ ARLEX ARIAS ARIAS

Comunicador Social - Periodista

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La Verdad, martes 07 de octubre de 2017