ÁGORA RAZÓN

Por Hugo Castillo Mesino

Múltiples disquisiciones podrían hacerse acerca de las causas y consecuencias que han originado la violencia en Colombia y de quiénes, directa o indirectamente, han participado en ella; remontándose a los tiempos de “Sangre negra”, “Desquite”, los “Chulavitas” y los “Pájaros” en las contiendas sanguinarias entre liberales y conservadores agenciadas por los poderes oligárquicos con la complicidad de la Iglesia con su legado conservador y luego esta historia política trágica se enrumba con la aspiración legítima de Jorge Eliecer Gaitán a la Presidencia de la República, siendo derrumbados sus sueños por esbirros ocultos hoy disfrazados en sus aspiraciones históricas con otras denominaciones, siglas o partidos políticos.

Sorprende la cantidad de organizaciones de tendencia de izquierda, aparte de las guerrillas, surgidas después del periodo de La Violencia, que históricamente defendieron sus ideales y propendieron empoderarse como alternativa de poder. Sin embargo, de acuerdo con Alonso Salazar J. en su reciente obra “No hubo fiesta”, cada grupo sostenía con elevado narcisismo político tener la verdad, afirmaban algo parecido a: “El pueblo no saldrá del caos y de la atomización mientras no sean desenmascaradas, una a una, las concepciones revisionistas”. Postulado que fundamentó más la lucha intestina entre estas organizaciones que contra el Estado y que no permitió materializar significativamente ningún intento de unidad entre ellas. No obstante, no se trata de desconocer la concepción y las formas organizativas que adelantaron estas agrupaciones en su contexto histórico nacional e internacional que para la época tenía una influencia casi determinante. El punto de llegada hoy en que se encuentran las fuerzas alternativas y de izquierda no es más que el resultado evolutivo acertado o “desviado” de ese proceso histórico. Los procesos históricos hay que vivirlo para contarlos, parodiando a nuestro Nobel de Literatura. 

Cabe recordar que estas organizaciones estaban provistas de estrategias para concitar a las masas a fortalecer sus ideales y a contribuir con las acciones cuando correspondía confrontar las políticas del Establecimiento en las distintas esferas de la vida pública y social fuera o independiente de la institucionalidad electoral. Era lo que consideraban su “Línea de Masas” con orientaciones estratégicas específicas del trabajo organizativo en cada sector de la vida social y política y la articulación entre ellos hacia el propósito final de la transformación estructural del país.

Preguntémonos la validez de aventurar en el desarrollo del trabajo político con la gente, educarlos a través de motivaciones que hicieron parte del accionar de estas organizaciones en el pasado y si es posible retomarlas para el crecimiento y la participación ciudadana en el contexto ideológico, social y político de hoy. Revivir aquellos momentos cuando las masas enardecidas en un solo cántico en la geografía nacional se escuchaba: “Métale a la marcha, métale al tambor, métale que traigo un pueblo en mi voz”. Proponiendo reconciliar el estudio con la lucha social, abrir sensibilidades al arte, la música y la poesía. O los momentos cuando Gabriel García Márquez lanzó su propuesta de Unidad de la Izquierda a través del Movimiento “Firmes”, vista como una “desviación socialdemócrata” por algunos sectores más radicalizados impidiendo y postergando hasta la actualidad ese anhelo unitario, esgrimiendo el argumento de que la experiencia del Gobierno de Salvador Allende y su derrocamiento por la dictadura de Pinochet eran el ejemplo del fracaso de la vía electoral. 

Es innegable que la cualificación política de muchos dirigentes de la izquierda hoy en el país obedecen a las lecturas selectas y a una nueva praxis que contribuyeron a tener una meridiana claridad del quehacer político, al superar la lectura vulgata del marxismo y el desconocimiento de la historia colombiana que caracterizaba en parte el actuar de estas organizaciones en el pasado siglo. Igualmente, y en correspondencia con esta cualificación, a la superación del foquismo que se inspiraba en la frase de El Che: “No hay que esperar a que las condiciones estén dadas; el foco insurreccional puedes crearlas”.

Los colombianos de todas las estirpes parece que estuvieran buscando una respuesta a los múltiples problemas que los aquejan, pero éstas no saltan a la vista y caen en la desesperanza del tiempo tal vez pensando que el ángel guardián les traiga la solución. Esos colombianos creemos que esta oportunidad histórica está a nuestro alcance hoy más que antes, cuando estamos adportas de las Elecciones parlamentarias y presidencial, donde se siente vientos unitarios al propender llevar al solio presidencial al candidato de los sectores progresistas y democráticos que sea elegido a través de una consulta y que responda a muchos de los sueños que en el ayer tuvieron las organizaciones políticas y que ahora se asoman con el concurso de los que estamos convencidos que somos más y que la unidad es posible cuando la historia nos enseñó que el cambio no sólo es posible sino imprescindible. De ahí la importancia de repasar y evaluar prospectivamente el acumulado histórico que la experiencia de la lucha por la transformación del país nos ha dejado y que nos impele a cumplir aquí y ahora.

 

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