Columnistas

En ocho años Colciencias ha tenido ocho directores. La entidad y la forma en que el gobierno administra el presupuesto de ciencia y tecnología son objeto de críticas. Un comentario sobre la relación entre ciencia, política, economía y su impacto en el desarrollo nacional.

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TRIBUNA LIBRE DE OPINIÓN

Nadie niega la importancia que tiene para el desarrollo económico y social de una ciudad o del país, la consolidación de una red vial con las obras técnicas de infraestructura y unas empresas prestadoras de un buen servicio esencial para la movilidad. Con base en esta necesidad, la ola neoliberal de Gaviria, Samper, Pastrana, Uribe, Santos –y su ministro Vargas Lleras– lanzaron su "revolución vial", cuyos ejes fueron las concesiones de las vías y el impulso a los Sistemas Integrales de Transportes Masivos, SITM. La estructuración financiera de estos mega-negocios corre a cargo de los recursos de los usuarios –vía presupuestos, peajes y tarifas– y de créditos onerosos con los que le llenan los bolsillos al sistema financiero. Así se realizaron los negociados, muchos llenos de corrupción, como en el caso Odebrecht. En estos proyectos se mueven billonarios recursos; a guisa de ejemplo, la Agencia Nacional de Infraestructura informó que entre enero y septiembre de 2017 se recibieron $2,3 billones en los 122 puntos de peajes que tiene concesionados, o sea, que a este ritmo cierran el año 2017 con más de $3 billones recaudados, con los cuales se puede construir toda una vía 4G. Estos dineros se van a una fiducia que después los gira a los consorcios, durante los 25 o 30 años que dura la concesión, según el proyecto. Por ejemplo, la vía Bogotá-Barranquilla-Cartagena tiene 18 peajes, cuyo costo total es de $158.700 por vehículo, mientras que en la vía Medellín-Cartagena-Barranquilla: por El Carmen de Bolívar, el valor en peajes es de $69.800 o por San Onofre, cuestan $88.300. Según la Contraloría en los peajes urbanos de Cartagena, al 20 de junio de 2016 la concesión ha recaudado $240 mil millones.

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ÁGORA RAZÓN

Por Hugo Castillo Mesino

Son muchos los intentos de parte de los sectores democráticos y alternativos que se han hecho para materializar las estrategias y llevar un candidato único a la Presidencia de la Republica; no obstante, a ello, después de más de un año en jornadas discursivas con divergencias y convergencias en la temáticas propias de la naturaleza política para concitar la Unidad con bases programáticas, sin afanes y con propósitos transparentes, llegaron a enrumbar el apoyo al candidato Sergio Fajardo con la participación de los sectores y partidos políticos expresados en la Alianza Verde, el Polo Democrático Alternativo y Compromiso Ciudadano conformando la Coalición Colombia, con una visión creativa iluminada como una nueva forma de hacer política y romper así con el falso criterio según el cual “no se puede construir unidad programática por el presupuesto fáctico de las ideologías que la anteceden”. Demostrando que Sí se Puede, la Coalición Colombia abre sus páginas para que la ciudadanía en un acto racional de madurez esté en la disposición de tomar la orientación o descartarla.

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Por Wilson Borja

Termina el año 2017 muy mal, se destacan el proceso de negociación entre el Estado Colombiano y las Farc y el proceso con el ELN.

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TRIBUNA LIBRE DE OPINIÓN

En esta última columna del 2017 es necesario resaltar el personaje negativo de este año en Colombia. Se trata de la corrupción que en todos los niveles del gobierno nacional y en el sector privado –es decir, en casi toda la sociedad– se destapó en este período que agoniza. No se justifica la corrupción bajo ningún argumento, ni bajo ninguna bandería, pero es mucho más criminal aquella que se comete contra el erario, ese presupuesto que un país debe dedicar a solucionar las profundas inequidades y las necesidades básicas insatisfechas de la población. No en balde algunas culturas aplican los castigos más ejemplarizantes a los corruptos y con mayor severidad contra aquellos que gobiernan y dirigen la población.

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Por Gustavo R. Triana Suárez

Recientemente, el país ha tenido que ocuparse de asuntos tan delicados y apremiantes como la violencia política, el narcotráfico y la galopante corrupción, que deben ser resueltos con decisión y premura. Las fuerzas políticas y sociales más comprometidas con el país han coincidido en darles prioridad y en buscar soluciones al respecto. El Polo Democrático Alternativo, particularmente, ha demostrado su consecuencia con tan caros anhelos. Pero no es menos importante llamar la atención sobre lo que para la inmensa mayoría de los colombianos es el problemas central del país, la pérdida de la soberanía económica a manos del capital financiero norteamericano, sus multinacionales y las agencias internacionales que representan sus intereses y que nos han impuesto un modelo económico nefasto, basado en el extractivismo y el endeudamiento externo, que limita su desarrollo industrial y agrícola, pone nuestro mercado interno a consumir mercancías y excedentes agrícolas gringos e impide crear riqueza nacional y aprovechar para nuestro beneficio los recursos naturales y la valiosa fuerza de trabajo de los colombianos. 

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Por Mario Alejandro Valencia

Si el trabajo es el que genera riqueza, ¿por qué en Colombia los trabajadores ganan tan poco?

Uno de los temas de mayor preocupación para gobiernos y sector privado a nivel mundial es el crecimiento económico. El más grande misterio sobre la causa de la riqueza de las naciones fue resuelto en 1776 por Adam Smith, al afirmar que “dependerá necesariamente de la proporción entre el número de quienes anualmente se emplean en una labor útil y el de quienes no lo están de esta manera”. Es decir, la fuente principal de la “abundancia” está en la producción por medio de la fuerza de trabajo productiva. Así es hasta el día de hoy.

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“El consorcio solo atenderá a 30.000 usuarios de los 109.856 habitantes del sur del Atlántico, según proyección del Dane”

Por: Norman Alarcón Rodas

Hace siete años, cuando se rompió el Canal de Dique por el fuerte invierno relacionado con el fenómeno de La Niña y la imprevisión oficial, el boquete que se abrió de casi 150 metros ocasionó la mayor inundación histórica en los siete municipios del sur del Atlántico llenando de penalidades a más de cien mil habitantes que perdieron cultivos, viviendas, acueductos, escuelas, animales y hospitales. Con recursos públicos del Fondo Nacional de Adaptación y de la Gobernación del Atlántico se han venido haciendo inversiones del orden de $47.265 millones, buena parte de ellas en acueductos y plantas de tratamiento de aguas residuales.

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Barichara es un municipio con sentidas situaciones de escasez de agua, cuyas fuentes debe compartir con Villanueva y otros.

Por Aurelio Suárez Montoya

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