Por Boaventura de Sousa Santos  

Escribo esta crónica sobre la India, en donde he estado en las últimas tres semanas. En la década pasada, la India fue arrasada por el mismo modelo de desarrollo neoliberal que la derecha europea y sus agentes locales están imponiendo en el Sur de Europa. Las situaciones son difícilmente comparables, pero tienen tres características comunes: concentración de la riqueza, degradación de las políticas sociales (salud y educación) y corrupción política sistémica que afecta a todos los principales partidos implicados en la gobernanza y los sectores de la administración pública.

La frustración de los ciudadanos frente a la levedad de la clase política llevó a un viejo activista neo-gandhiano, Anna Hazare, a organizar en 2011 un movimiento de lucha contra la corrupción que ganó una gran popularidad y transformó las huelgas de hambre de su líder en un acontecimiento nacional e, incluso, internacional. En 2013, un vasto grupo de adeptos decidió transformar ese movimiento en un partido, al que llamarán el partido del hombre común (Aam Aadmi Party, AAP)

Este partido surgió sin grandes bases programáticas, para ir más allá de la lucha contra la corrupción, pero con un fuerte mensaje ético: reducir los salarios de los políticos electos, prohibir la renovación de mandatos, resolver el trabajo militante en voluntarios y no en funcionarios, luchar contra las parcelas público-privadas en nombre del interés públicos, erradicar la plaga de los consultores a través de los cuales los intereses privados se convierten en públicos y promover la democracia participativa como modo de neutralizar la corrupción de los dirigentes políticos. Teniendo en cuenta esta base ética, el partido renunció a ser clasificado de izquierda o derecha, dando voz al sentimiento popular de que, una vez en el poder, los dos grandes partidos de gobierno se diferencian poco.

En diciembre pasado, el partido concurrió a las elecciones municipales de Nueva Delhi y, para sorpresa de sus propios militantes, fue el segundo partido más votado y el único capaz de formar Gobierno. Este Gobierno fue una bocanada de aire fresco y en febrero, el AAP era el centro de todas las conversaciones. Tan consistente como su magro programa, el partido propuso dos leyes, una contra la corrupción y otra instituyendo el presupuesto participativo en el gobierno de la ciudad. Asimismo, exigió la reducción del precio de la energía eléctrica, considerado un caso paradigmático de corrupción política. Como era un Gobierno minoritario, dependía de los aliados en la asamblea municipal, así que, cuando se le negó el apoyo, dimitió en lugar de hacer concesiones.

Estuvo 49 días en el poder, pero su coherencia consiguió que viese aumentar su número de adeptos después de la dimisión. Perplejo, pregunté a un colega y amigo, que durante 42 años fuera militante del Partido Comunista de la India y durante 20 años miembro del comité central, qué le llevó a afiliarse al AAP: “Fuimos víctimas del veneno con el que liquidamos a los mejores de los nuestros, favoreciendo una burocracia cuyo objetivo era mantenerse en el poder a cualquier precio. Es tiempo de empezar de nuevo y como militante-voluntario de base”.

Otro colega y amigo, socialista y votante fiel del Partido del Congreso (el centro-izquierda indiano), me dijo: “Me afilié cuando vi al AAP enfrentarse a Mukesh Ambani, el hombre más rico de Asia y cuyo poder de fijar las tarifas de la electricidad es tan grande como el de nombrar y cesar ministros, incluyendo a los de mi partido”.

Sospecho que tarde o temprano va a surgir en Portugal el partido del hombre y la mujer comunes. Ya tiene nombre y muchos adeptos. Se llamará Partido del 25 de Abril. Cuarenta años después de la Revolución, será la respuesta política a quienes, aprovechando un momento de debilidad, destruirían en tres años lo que construimos durante 40. El 25 de Abril es el nombre del portugués y de la portuguesa común cuya dignidad no está a la venta en el mercado de los mercenarios, donde todos los días se vende el país. Será un partido nuevo que estará presente en la política portuguesa, tanto si se constituye como si no. Si se constituye, tendrá el voto de muchas y muchos; si no se constituye, tendrá igualmente el voto de muchas y muchos, en forma de voto en blanco.

Por una o por otra vía, el Partido del 25 de Abril no esperará por el próximo libro de Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía, en donde él explicará cómo el FMI destruyó el Sur de Europa con la connivencia de la UE.