Alfredo Molano Bravo

Por Alfredo Molano Bravo  

Mientras los congresistas huían despavoridos del acuerdo hecho la noche anterior con el presidente Santos para sacar adelante la ley de orden público, las lluvias regresaban al río Atrato cuando ya casi se podía pasar a pie como el Magdalena o el Cauca.

Despiadado ha sido el Niño con la región más lluviosa del país. Quizás algunos de los parlamentarios tenían cita en un club para contribuir con sus luces a organizar la manifestación que prepara el uribismo para el 2 de abril con el objetivo de atravesársele a la paz.

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Por Alfredo Molano Bravo  

En el año 1960 hice un viaje en el entonces recién inaugurado Expreso del Sol, que al día siguiente en la tardecita “se mete a Santa Marta”. Después lo hice varias veces, pero siempre, invariablemente, se detenía horas —muchas horas— entre los ríos Carare y Opón. Nunca se supo la razón. A los lados de la carrilera había sólo selva. Selva tupida, entera, húmeda. Las grandes compañías madereras la abatieron; cientos de familias campesinas colonizaron la región y desde mediados de los 70 comenzaron a ser expulsadas por ganaderos.

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Por Alfredo Molano Bravo  

Lo que el país vio por los medios y los usuarios del Transmilenio sufrieron pueden ser el prólogo y la imagen de los conflictos que vendrán después de firmados los acuerdos con las guerrillas.

Lo primero porque los problemas sociales –tierra, trabajo, salud, transporte– se han venido represando desde hace mucho tiempo sin solución alguna. Los gobiernos usan, sin vergüenza, una fórmula perversa que consiste en paños de agua tibia, represión armada y desinformación. Congelan el asunto y se lo pasan a su sucesor, que es el que paga los platos rotos. No lo hace. Usa el mismo guión y le endosa el problema a su sucesor.

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Por Alfredo Molano Bravo  

Hacía medio siglo que un presidente de la República no entraba a la Universidad Nacional de Colombia. El último fue Carlos Lleras Restrepo en el año 67, a la facultad de Agronomía para inaugurar la sede del instituto colombiano agropecuario (ICA), financiado por la Fundación Rockefeller. No fue una visita amistosa, se trataba más bien de una provocadora retaliación por la famosa asonada que le montamos en el 65 siendo candidato a la Presidencia de la República, cuando lo sacamos de la facultad de derecho a cocotazos.

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Por Alfredo Molano Bravo  

Hay acosos de acosos, pero todos son uno en el mundo del trabajo y el país ha visto estupefacto cómo andan de la mano el uno, el acoso sexual, con el otro, el acoso laboral.

No hablo sólo de lo que hemos venido conociendo en la Defensoría, sino también lo que se ha conocido en la Policía. Las jerarquías institucionales son una estructura de poder y el poder es para poder hacer lo que los jefes digan. Unas veces mandan de acuerdo con lo que les toca y otras veces con lo que les gusta. Y en esos gustos se dan muchos disgustos.

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Por Alfredo Molano Bravo  

Las aguas de los afluentes del río Magdalena comenzaron a disminuir hace años, pero a nadie le importó. Épocas en que para tomar posesión de la tierra había que descumbrar montañas, descuajar bosques. Mucha tierra se limpió de colonos, indios, negros, ceibas, abarcos y samanes, para meter unas cuantas vacas y así obtener las escrituras, el sagrado derecho al despojo, principio y base de la riqueza. El agua menguó al punto de que el Magdalena se puede atravesar hoy, en Puerto Triunfo, a pie, sin mojarse las rodillas. La temperatura en Puerto Salgar ha llegado a 45 grados, casi la mitad del calor en que el agua hierve. 

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Por Alfredo Molano Bravo  

Se regresa de la fuga de vacaciones, ferias y fiestas a encarar la dura realidad. El Gobierno ha sacado adelante y en su favor –por ahora– tres políticas, todas en detrimento de los intereses del país real: la venta de Isagén, la imposición del salario mínimo y el regalo del Llano a los grupos empresariales. Por más esfuerzos que ha hecho para azucarar la zanahoria y refinar argumentos jurídicos y técnicos hasta torcerles el cuello, la cosa no convence.

La venta de Isagén ha sido una notificación perentoria de que el sector eléctrico ha quedado privatizado y de que de ahora en adelante el precio de la luz se definirá en los escritorios de los gerentes de las generadoras; el salario mínimo fue definido una vez más por el ministro de Hacienda sin consideración con la gente que produce la riqueza, y, para rematar, el Congreso aprobó sigilosamente las llamadas Zonas de Interés de Desarrollo Rural Económico y Social (Zidres).

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Por Alfredo Molano Bravo  

La cumbre de París ha despertado tantas ilusiones como escepticismo. Pasa lo mismo con los acuerdos de La Habana. En una y otros habrá que deslizarnos sobre el lomo de ese quiebre de aguas. EE.UU. y China, pese a ser los principales países amenazados, son a su vez los responsables de la mayoría de las megatoneladas de basura viva (CO2) que la tierra bota sobre su armadura natural, la capa de ozono. Colombia participa marginalmente de esa tragedia global que el consumismo, fase superior del capitalismo, como lo ha dicho Pepe Mujica, ha impuesto a la humanidad.

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