Alfredo Molano Bravo

Por Alfredo Molano Bravo  

La controversia entre el señor Todd Howland, representante de la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos en Colombia, y el representante de los grandes ganaderos, señor Lafaurie, ha entrado en un territorio minado.

La ONU, con sólidos fundamentos, ha invitado al gerente de Fedegán al campo a comprobar que los reclamantes de tierra son campesinos legítimos y no testaferros de la guerrilla. La invitación no deja de ser sarcástica ya que uno debe suponer que Lafaurie conoce el campo (yo creo que sí lo conoce, pero en avioneta y de hacienda en hacienda). En el centro del asunto está la restitución y más adentro, el despojo de tierras.

Leer más...

Por Alfredo Molano Bravo  

Después de las noticias diarias, los medios suelen informar sobre el estado del tiempo y, por último, sobre el estado de las carreteras: derrumbes, caídas de la banca, paso obligado a un carril y cierre por “concentración de personas”.

Este último hecho, muy frecuente la semana pasada con ocasión de la Minga Indígena y de las Marchas Campesinas, es tratado como, digamos, un accidente fortuito, un obstáculo, un percance. En realidad son manifestaciones de protesta e inconformidad. Salidas desesperadas ante el autismo de los gobiernos.

Leer más...

Por Alfredo Molano Bravo  

Doña María Currea de Aya era una mujer que no necesitaba presentación hace ya algunos años. Era para la aristocracia de tierra fría como Cayetana Fitz-James Stuart, duquesa de Alba, que murió como una uva pasa hace poco. Pálida y empolvada, doña María tenía tierras no sólo en la Sabana de Bogotá sino en regiones cálidas pero no ardientes. No resistía el calor.

La Duquesa de Alba era no sólo la latifundista más poderosa del reino, sino también la más escandalosa. Doña María, en cambio, era discreta pese a sus apellidos que le sonaban a la clase media como cascabeles. Un día –quizás una madrugada de desvelo– resolvió vender la hacienda que tenía en Pacho, Cundinamarca.

Leer más...

Por Alfredo Molano Bravo  

Peñalosa les prometió a los bogotanos el oro y el moro. Todo lo anterior para él era oscuridad, corrupción, chambonadas. Los colegios públicos se caían a pedazos; los hospitales se cerraban; las calles eran charcos, huecos llenos de basura. Era necesaria una verdadera transformación.

Comenzó echando para atrás el proyecto del metro que mal que bien había comenzado a encontrar rumbo, y declarando que Bogotá debía acabar de comerse la Sabana. Canal Capital era un nido de la izquierda que se debía poner al servicio de su apellido. El Transmilenio, según sus estudios –e intereses– era el mejor sistema del mundo, y la reserva Van der Hammen, un capricho de los ambientalistas.

Leer más...

Por Alfredo Molano Bravo  

A fines de la década del 90 se rompió el equilibrio militar que después de 40 años de conflicto armado había logrado la guerrilla, que combatía con armas muy similares a las que tenía el Ejército. Digamos Máuseres con Máuseres, M-1 contra M-1, A-47 contra Galiles. Guerra de fusilería. La guerrilla usaba armas artesanales como los tatucos —o catalicones— y las minas quiebrapatas; el Ejército, morteros y aviones, pero el equilibrio relativo se mantenía. La insurgencia contaba con apoyo de la población civil, mientras el Ejército tenía que imponerlo o comprarlo. El Gobierno autorizó a las FF. AA. en 1968 —administración Lleras Restrepo, hay que repetirlo— a armar civiles para combatir a los alzados, que eran calificados como comunistas y por tanto “enemigos internos”, según la Doctrina de seguridad nacional adoptada por el Estado colombiano a instancias del gobierno de EE. UU. Regía la Guerra Fría.

Leer más...

Por Alfredo Molano Bravo  

En el camino al antiguo campamento de La Caucha, en el páramo de Sumapaz, donde vivían Marulanda, Jacobo y otros comandantes, hay un sitio llamado Tripa de Yeguas, una laja resbaladiza y peligrosa.  

Otro sitio, lejos de allí, donde se da cita el establecimiento a conversar y también a mandar, se llama Mesa de Yeguas. Hay tierra de por medio entre unas y otras yeguas. Hoy parece que esos dos puntos pueden llegar a cruzarse en La Habana. El 13 de mayo, día de la Virgen María y del cumpleaños de Marulanda, la mesa de negociaciones de La Habana da a conocer públicamente el acuerdo que hará posible el blindaje de lo que se firme y ponga fin a la larga y sangrienta guerra que hemos sufrido. Es un acuerdo trascendental porque siendo la negociación de la agenda difícil, más difícil eran –y siguen siendo– las garantías de cumplimiento.

Leer más...

Por Alfredo Molano Bravo  

Canadá es uno de los países del frío norte con los que tenemos una relación económica más activa, una “amistad próspera”, como ha sido llamada.

Los economistas oficiales colombianos suelen no poner fin a los elogios sobre las ventajas del Tratado de Libre Comercio (TLC) que firmó Uribe en 2008 y entró en vigencia en 2011. Canadá es uno de los países más grandes del mundo, y más ricos: cabemos diez veces en su territorio y los canadienses tienen cinco veces más ingresos por persona. Antes del TLC, la inversión de Canadá en Colombia era apenas de unos 180 millones de dólares, y asegurada la firma, alcanzó los 2.500 millones de dólares. Antes exportábamos fundamentalmente café, azúcar y flores; hoy, carbón, oro y petróleo.

Leer más...

Por Alfredo Molano Bravo  

No es fácil creer en un Gobierno —en cualquier Gobierno— cuando hay siempre, indefectiblemente, tanto trecho del dicho al hecho.

No hablo del abismo entre lo que prometen los candidatos y lo que hacen los gobernantes. Eso es otra cosa. Ese ya es el reino del engaño puro y duro. Me refiero en concreto a lo que el gobierno de Santos alimenta con cuidado y quizá con cálculo político.

Leer más...