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Gustavo Petro Urrego

Yo se lo daré a Petro..., mi voto
Martes 30 de junio de 2009

Por: Patricia Elena Rendón

* Estudiante colombiana del Programa Internacional de Phd. "Transnacionalización y Regionalización" de la Universidad de Leipzig en Alemania.

Por intuición, por empatía, porque mi sexto sentido me advierte sobre la coherencia y la honestidad de este señor. Por eso mi voto de confianza será para el Senador Gustavo Petro en la próxima consulta del Polo abierta a la ciudadanía y después como candidato a la Presidencia.

Lo conozco de lejos, de leer sus respuestas en las entrevistas publicadas ocasionalmente en los grandes medios de información, de ver sus reacciones frente a situaciones de riesgo y en momentos de crisis, de haber seguido con interés sus actos coherentes y valientes, al denunciar ante el país la corrupción, los vínculos entre políticos, militares, narcotráfico y el paramilitarismo. Muy pocos (sobran dedos en la mano cuando se cuentan), han sido los y las que han asumido esta tarea en nombre de la verdad y la dignidad del pueblo colombiano. Asumo que en su quehacer como sujeto político caben los desaciertos, pero eso lo hace humano y real.

Petro en mi opinión, tiene una de las lecturas más modernas y cercanas a la realidad del país. Está siendo capaz de darle “la vuelta de hoja” a la forma de pensarse el cambio en Colombia. Uno de esos “modos”, es la apuesta certera desde la democracia para hacer cambios estructurales que beneficiarían a millones de colombianos y colombianas que aún siguen viviendo en la desesperanza. Una reforma agraria acorde a las exigencias del momento, que bien llevada, generaría miles de nuevos empleos y garantizaría el retorno al campo, la producción de alimentos y al trabajo, una modernización en el sistema de salud que cubra y atienda a los y las colombianos(as) como seres de carne, hueso y sentimientos, una reforma en el sistema de educación que nos devuelva el derecho a acceder al conocimiento y a modernizarnos a partir del saber y de la comunicación, esa que se produce desde el acto básico del tener que intercambiar, que decir, que contar.

Transformaciones todas ellas necesarias, que van de la mano con la utilización responsable de los recursos naturales y la protección del medio ambiente, pilares fundamentales para generar condiciones de vida digna en las mayorías no privilegiadas hasta ahora. El discurso de la guerra como solución a la guerra misma, no se asoma en su lenguaje y eso, en un país que lleva a sus espaldas años largos de historia de una violencia que se ha vuelto incoherente y desgastada, ya es de por si un acto políticamente transgresor y poético.

Cambios de fondo que le den vida a los principios constitucionales de un Estado social de derecho, que hasta ahora no reconocemos, porque no es palpable en toda su dimensión. Cambios que nos permitirán reconocernos en las diferencias y en la variedad de matices que sumamos, que nos permitan incluir al otro, a la otra, al que tendemos a desconocer, a ignorar y que suman millones.

Su discurso no se estanca en una lectura sesgada “del dar plomo” y garantizar para algunos pocos una seguridad sustentada en una democracia de papel y mentira, para que cuando todos se mueran (de hambre, desesperanza o desidia), entonces ahí si empezar a invertir en lo que genera y garantiza la vida (porque ya quedarían pocos para que gocen del beneficio).

Presumo que a través de su discurso y práctica se podrían generar a manera de multiplicador en el imaginario colectivo apuestas como la transparencia, el respeto, la justicia, la esperanza, la modernización del Estado y sus instituciones, la devolución a los y las ciudadanas colombianos (as) el derecho a ejercer su rol activo en la construcción de país sin que por ello sean perseguidos y demás.

Su lucha decidida al interior del Polo Democrático ha sido un ejemplo de coherencia y claridad política. No ha sido muestra de debilidad o inmadurez no haber montado tolda aparte del Polo. Por el contrario, dar la cara al país desde el escenario de la izquierda democrática es un acto que merece ser valorado políticamente. Ese simple acto, el de ratificar su permanencia en el Polo, ayudó a posicionar ante los ojos y el sentir del país, la imagen de la izquierda democrática como una alternativa real de cambio, un escenario serio, coherente, creativo y responsable desde el cuál miles de hombres y mujeres, se sueñan, piensan y construyen un país en paz y con justicia social, un país, que nos devuelva la dignidad y la posibilidad de vivir como nos lo merecemos.

Petro se aproxima en suma, al ideal de ciudadano político sujeto de deberes y derechos que construye desde su quehacer diario las condiciones para que un país y una sociedad evolucionen.

Por todo ello: mi voto se lo daré a Petro….

¿Y usted.., se lo daría también?


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