Jorge Guevara
Jueves 17 de abril de 2008
Durante los días 7 y 8 de Abril en la Ciudad de Lima se realizó la reunión del Parlamento Amazónico, evento en el cual tuve la oportunidad de participar en representación del Congreso de Colombia.
Indudablemente, este evento tuvo una gran importancia porque fue la ocasión de ratificar la soberanía de las ocho naciones amazónicas sobre este gran pulmón de la humanidad, al tiempo que se plantearon las profundas preocupaciones con respecto a las amenazas que se derivan de la aplicación de políticas equivocadas que obedecen al propósito de explotar sus inmensas riquezas o el escaso interés de las naciones de adoptar políticas que garanticen la protección de su biodiversidad y de sus gentes.
De estas preocupaciones surgió el unánime interés de reclamar de los gobiernos de los Estados Amazónicos mayor atención en procura del rescate de la Amazonía, esto es, la adopción de un plan conjunto para la preservación de la Amazonía, que sea ejecutado en los próximos años, incluidos, por supuesto, los asuntos de seguridad y la protección contra la devastación y garantizar su desarrollo sustentable, sin ignorar las suerte de su población, sobre todo de las comunidades indígenas. El plan necesariamente debe contener objetivos para la conservación y el uso sostenible de los recursos de la selva, intercambio de tecnología y conocimiento entre los países, e integración y competitividad regional. Lo anterior, igualmente exige formas de armonizar las leyes que permitan que esta región de 7,5 millones de kilómetros cuadrados y donde viven más de 23 millones de personas, reciba el mismo trato en los ocho países y determine compromisos comunes de los gobiernos, frente a aspectos tales como los cultivos ilícitos, la contaminación del agua, la explotación ilegal de especies animales y vegetales, violencia y tráfico de drogas ilícitas. Por otra parte, preocupa que la región de la Amazonia despierta la codicia de las grandes potencias, pues la Amazonia es considerada una reserva extraordinaria de recursos naturales, ubicada, además, estratégicamente. Así mismo, la permeabilidad de las fronteras permite el tránsito incontrolado entre los países limítrofes, con el consiguiente peligro para la estabilidad institucional y la armonía entre vecinos, sobre todo cuando quienes transitan son grupos guerrilleros.
Sin embargo, la amenaza ambiental es quizá más apremiante. Según Greenpeace, entre agosto y diciembre del año pasado se desmontaron más de 3.200 kilómetros cuadrados de selva tropical. En los últimos 30 años prácticamente se arrasó con el 17 por ciento de la superficie de selva. El aumento de la demanda de biodiésel hará que la frontera agropecuaria, por efecto de siembra y explotación de la palma africana, avance sobre la selva y modifique aún más el ecosistema.
Bogotá, 15 de Abril de 2008
Jorge Eliecer Guevara
Senador de la República de Colombia
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