Los poetas, artistas e intelectuales de nuestro país, que en estrecho abrazo se encontrarán con sus pares de 52 países de todos los continentes, durante nueve días, en esta tierra fértil, cálida y amorosa como lo es la tierra Antioqueña, no solo para prodigar la voz a la palabra silenciada, distorsionada y ofendida, sino y especialmente, para proclamarla como la más elocuente arma de lucha contra todas las formas de violencia que se ejercen contra un pueblo como el nuestro, cuyos anhelos de paz y de justicia demandan como la hecho reiteradamente este Festival, en sus 16 años de trayectoria fulgurante, la construcción del espacio justipreciado para el dialogo de todas y todos los colombianos, en la búsqueda de un país lleno de vida, de libertad, de esperanza y de belleza.
La XVII versión del Festival Internacional de Poesía de Medellín, como lo expresa con tanta pasión su director, el poeta y compañero FERNANDO RENDÓN, “encarna el escenario ideal de diálogo y unidad entre las culturas, el reconocimiento y abrazo de las tradiciones culturales y poéticas del mundo actual a la vista de todos, en un país en el que los niveles de participación cultural están cada vez más cerrados a las amplias masas de la población, en el que las condiciones de vida materiales y espirituales se encuentran cada vez más deterioradas y en el que los niveles de violencia se recrudecen sin que haya una esperanza razonable de que decrezcan en el corto y mediano plazo”.
La poesía como un producto estético e ideológico de una sociedad concreta, expresa sus ideales, sus valores y su moral, que en tiempos de barbarie como los que padece nuestra Nación, se expresa en la banalización del sufrimiento de las víctimas, el perdón y el olvido para los victimarios se legaliza y se legitima y el triunfo de las metrallas se impone sobre la primacía del valor y del derecho inalienable a la vida; el Festival Internacional de Poesía de Medellín resulta sin lugar a dudas, el espacio vivificante para la recuperación de la alegría, de la esperanza, de la historia no contada, de la realización de utopías que exorcicen el miedo y den sepultura definitiva a la espantable muerte, así como también es esa oportunidad para que la comunidad se reúna y se mire a sí misma desde otra perspectiva, quizá rezarcitoria de tanto dolor y tanta impunidad, para reconstruir y resignificar sus imaginarios con nuevos hálitos de afirmada esperanza.
El compositor y poeta griego Mikis Theodorakis escribía en 1984: "la burguesía gobernante se empeña constantemente en bajar el nivel cultural de las masas y degradar los valores estéticos y artísticos, el propio arte y a quienes lo crean”. Este Festival Internacional de Poesía de Medellín, es sin lugar a dudas, una bofetada matrera a todos esos intentos de robar el sentido y la razón de ser una Nación, que a pesar de todos sus desencuentros, abriga en su vientre la inusitada esperanza en un futuro libertario.
Debemos ser agradecidos, todos y todas, los que desde adentro o desde afuera saludamos emocionados la realización de este evento, con los artistas e intelectuales que durante todo el siglo XX, han cuestionado su individualismo y narcisismo, para tomar la decisión histórica de poner su arte y su inteligencia al servicio de la oposición a todos los statu-quos, para ponerlas al servicio de los explotados, oprimidos, discriminados, invisibilizados, desparecidos, no contados, para jugar su papel determinante en la transformación de la cultura, de los valores y los imaginarios que debe acuñar una sociedad nueva.
La poesía como lo señalaba el héroe y poeta Cubano José Martí, “es la fuerza de la vida”, y el Festival Internacional de Poesía de Medellín, que para orgullo de los colombianos arriba a su XVII versión, se ha constituido en ese espacio fundamental para recrearla en sus más disímiles y trascendentales dimensiones. De ahí que con fundamentadas razones, el Parlamento Sueco en diciembre de 2006, otorgara a esta obra de titanes, el Premio Nobel Alternativo, por su tesonera labor en la búsqueda de la paz para Colombia.
En mi condición de Coordinadora de la Comisión de Paz del Senado de la República, saludo y me comprometo con el llamamiento indignado que Artistas e Intelectuales de nuestro país y de otras urbes le formularon a la sociedad y al Estado colombiano el pasado 23 de Junio y en el cual manifiestan que: “están dolidos por la guerra que arrasa al país, por la continuación de la barbarie paramilitar, por la infamia de sus cementerios clandestinos y sus escuelas de descuartizamiento, por una Ley de Justicia y Paz que no es de paz ni de justicia, sino el premio y el perdón para los peores asesinos en la historia de Colombia y que, además, esconde la verdad, principio y esencia de la justicia; por los políticos de todo el país que patrocinaron la formación de esos grupos criminales, por la corrupción reinante en el Estado colombiano; por los 3 millones de desplazados, la mayoría madres de familia y sus niños y niñas”. Así mismo, “por la creciente desigualdad social, por el despojo del territorio de las poblaciones indígenas y de las comunidades negras, por la creciente violación de la soberanía, por los poderes internos y externos que se benefician del negocio de la guerra, por el secuestro, y sobre todo por los centenares de miles de víctimas inocentes de la violencia que ha bañado en sangre al país desde siempre, y por el dolor de todos los que han perdido a sus seres queridos”, demandando que su voz se oiga en medio del estruendo de la guerra.
En su declaración convocan a todos los colombianos a sumar voluntades y esfuerzos en la búsqueda de la verdad, inseparable de la justicia. Justicia que como ellos lo manifiestan, “no ha existido en toda la historia de Colombia” y, por el contrario, afirman: “No encontraremos sentido a nuestra vida si no hay memoria, si no hay verdad, si no hay justicia y si no hay reparación para las víctimas” y concluyen reafirmando que solo “UN ACUERDO HUMANITARIO ES EL PRIMER PASO PARA LA NECESARIA E INAPLAZABLE CONSTRUCCIÓN DE LA PAZ” y compelen a “los ejércitos en pugna que detengan el fuego y acepten un diálogo honesto, de cara al país y a la comunidad internacional”.
Deseo concluir este saludo, retomando las palabras finales de este llamamiento, para dejar en el alma y en el corazón de los asistentes a este Festival el mensaje de que: “Si es inútil combatir la violencia con violines, con cuadros o con poemas, que sea la palabra indignada la que testimonie ante el mundo el terror que vivimos”.
Bogotá, D.C., Julio 13 de 2007
GLORIA INÉS RAMÍREZ RÍOS Senadora de la República