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Discurso de Antonio Navarro Wolff ante el Primer Congreso Nacional del Polo Democrático Independiente
Jueves 2 de junio de 2005

Este es el discurso presentado por Antonio Navarro Wolff durante la jornada de instalación del Primer Congreso Nacional del Polo Democrático Independiente en donde resultó elegido por los delegados como candidato a la Presidencia de la República.

Compañeras y compañeros, compañeros del alma:

He tomado el tiempo de hacer un discurso leído. Quiero hablar más que a la pasión a su cabeza y a su razón.

Quiero saludar a todos ustedes que han hecho largos viajes -de la noche entera o más de doce horas- para venir a este Congreso donde tienen el título más honroso que colombiano alguno puede ostentar hoy en día: ¡Ustedes son los delegados de la esperanza del pueblo colombiano!

Un saludo para las mujeres, sin las cuales nada es posible. A los jóvenes, que no son el futuro: ¡Son el presente de nuestro partido! A las madres comunitarias, que tienen en sus manos a los niños de todos. A los maestros y maestras de Colombia, un saludo cordialísimo, con el corazón. A las minorías, los indígenas, los vendedores ambulantes: un saludo fuerte.

Confieso que -como muchos de ustedes- también he dormido poco. Este es el segundo discurso más importante que he pronunciado en mi vida. Me trasnoche escribiéndolo.

El primer anuncio que hago en esta tarde es una mala noticia para nuestros contradictores. ¡Estamos unidos y vamos a seguir firmemente unidos! Los que se inventan divisiones donde lo único que hay es una discusión democrática, se quedaron con los crespos hechos. Todos aquellos que le han apostado a que el Polo se divide, perdieron. No nos dividimos hoy ¡y no nos vamos a dividir jamás!

Las elecciones de delegados que hicimos hace pocos días no estuvieron relacionadas con la decisión presidencial que hoy tomamos. No soy el precandidato de un sector o de una tendencia. Soy un precandidato de unidad del Polo Democrático Independiente.

La unidad es nuestro mayor tesoro y la vamos a cuidar con el alma.

Decía que es el segundo discurso más importante de mi vida, porque el primero fue el que pronuncié el 4 de julio de 1991, en el acto de promulgación de la Constitución que hoy nos rige. Qué orgullo tener mi firma estampada en esa Constitución. Qué suerte que la vida me haya dado esa oportunidad, porque hoy la primera tarea del Polo y de todos los demócratas de Colombia es defender la Constitución de 1991.

Esa Carta Magna está sometida a los intentos más temerarios y consistentes de contrarreforma en sus catorce años de vida. La orientación de esas contrarreformas es profundamente autoritaria, y apunta a trasladar poderes al Ejecutivo y a debilitar los mecanismos de control en una democracia como la nuestra. Eso es lo que enfrentamos. Enfrentamos un proyecto autoritario, un proyecto mesiánico, un proyecto caudillista, un proyecto profundamente reaccionario para la Colombia de hoy y de mañana. No solamente enfrentamos a un presidente que no nos gusta. Es un peligro grave para el régimen de derechos que consagra la Constitución el que tenemos al frente.

Es que al actual presidente de la República le encantaría convertirse en un príncipe bárbaro en cuyas manos estuviera por completo el destino de la patria. Uribe tiene por dentro un monstruo que se le sale a chispazos, pese a las goticas florales, un verdadero Godzilla con sombrero y poncho. Pero la democracia colombiana le ha impedido hasta ahora concretar su proyecto autoritario. El pueblo y la Corte Constitucional lo han frenado y lo van a seguir frenando. Pero la derrota definitiva de este proyecto de derecha se va a lograr solamente en las urnas, cuando lo derrotemos a él o a quien él designe en el año 2006, a un año del día de hoy.

Ya lo derrotamos en su referendo hace año y medio, con la participación activa de todos los que hoy están aquí. Gracias a todos, pero gracias especialmente a los maestros de Colombia, que fueron fundamentales en la victoria contra ese referendo de la derecha de Uribe. Y a Uribe lo volveremos a derrotar.

La pregunta que sigue es la importante: ¿Para qué queremos derrotar a Uribe? Porque ningún sentido tiene cambiar solamente las caras de los que van en los carros oficiales. Cuando lleguemos al poder, tenemos una profunda obligación de cambiar nuestra sociedad. Si no lo hiciéramos así, defraudaríamos esa esperanza que hoy cada uno de nosotros representa. Si no cambiáramos a fondo a Colombia, conseguiríamos sólo el desprecio del mismo pueblo que nos va a llevar al poder en el 2006.

Esa discusión está viva dentro de nuestro partido. Ha habido en diversos momentos formulaciones generales sobre el tema, sobre la velocidad del cambio, sobre las prioridades. Pero que nadie se equivoque. El Polo democrático Independiente es un partido de la izquierda democrática y por lo tanto es un partido comprometido con las causas populares y con el cambio de las estructuras de Colombia. ¡Que nadie se llame a engaños!

Son muchas las cosas que hay que cambiar en Colombia. La decisión que este Congreso tiene que tomar (y que juramos cumplir) es cuál es el orden de prioridad de los cambios que les estamos proponiendo a los colombianos. Y esa decisión es de obligatorio cumplimiento para todos nosotros. Aquí no vamos a elegir un candidato para que se mande solo. Vamos a elegir un candidato para que cumpla lo que este colectivo decida.

Permítanme ahora avanzar rápidamente algunas ideas sobre temas trascendentes:

La paz. Se han hecho muchos intentos para lograr la paz de los colombianos y las colombianas. Algunos de ellos fueron exitosos, como los de hace quince años. Pero con los actuales actores del conflicto, hasta ahora todo ha fracasado. Fracasó la negociación de Pastrana sustentada en ganar la confianza de su oponente. Está fracasando estruendosamente el intento de Uribe de ahogar militarmente el conflicto, con la creencia de que a tiros se puede imponer la pax romana, la paz del vencedor. Tanto unos como otros se han olvidado de un elemento esencial.

El conflicto colombiano hunde sus raíces más profundas en un problema rural no resuelto en la sociedad colombiana. Si en algún sector la desigualdad es monstruosa, es en el campo. Si en alguna área la pobreza es profunda, es en el campo. Es en el campo donde se asienta el corazón del conflicto colombiano y solamente mediante un enorme esfuerzo para lograr un desarrollo rural, que incluya tierra para los campesinos, créditos, tecnología y mercados para la producción, amén de educación, salud y oportunidades para sus habitantes, podemos avanzar seriamente en el logro de la paz real para los colombianos.

Por supuesto, sin renunciar al ejercicio de la autoridad, pero con un cambio en la doctrina militar. Las nuestras deben ser unas Fuerzas Armadas para la paz, no para la guerra, aunque las circunstancias las obliguen a usar las armas. Creo (en este tema sabemos y sabemos mucho) que podemos adquirir un compromiso con los colombianos: en cuatro años de gobierno vamos a alcanzar la paz total y definitiva para Colombia.

Con las autodefensas, queremos creer que la paz va a llegar. Pero los síntomas indican otra cosa. Quisiéramos equivocarnos, pero estamos presenciando no la desmovilización de las autodefensas, sino la paramilitarización de extensas regiones de Colombia.

Quiero mandar mi saludo solidario a Ingrid Betancur y a los miles de secuestrados que existen hoy en Colombia. Los queremos aquí, ahora, para traer alivio a las familias que sufren. Como queremos que se esclarezca la ubicación de los desaparecidos. Y que cese el desplazamiento. La tragedia humanitaria de Colombia debe terminar.

Supresión de la miseria extrema. Ocho millones de personas están en condiciones de extrema pobreza, por debajo del mínimo vital. Ocho millones de colombianos y colombianas se acuestan con hambre todos los días de todos los años. ¿Cómo puede una sociedad como la nuestra mirar impasible una situación tan terrible? Hay varias propuestas sobre cómo cambiar la situación. Sin embargo, la experiencia nacional e internacional señala que debe explorarse un camino que aquí está totalmente virgen: el de la llamada “renta básica”. Ella consiste en que cada familia pobre reciba un subsidio en dinero para que lo use en la solución de sus necesidades. La idea es ya una ley en el Brasil, país que intentó le programa de lucha contra el hambre repartiendo alimentos y concluyó que el camino correcto era simplificar los procedimientos entregando dinero efectivo a las personas.

Le he pedido a un grupo de economistas que evalúe la posibilidad de hacer algo similar con los dos millones de familias más pobres del país, donde están esos ocho millones de colombianos que no comen tres veces al día. El resultado inicial es que podríamos pensar en que cada familia reciba un subsidio de renta básica de $100.000 mensuales. Se puede costear. Creo que si finalmente la propuesta se consolida, ese subsidio se lo debemos entregar a las mujeres, que son las que manejan la economía del hogar, las que crían los hijos, las que responden por la familia. Si se lo entregamos a los hombres, corremos el riesgo de que al menos una parte de ese dinero termine en las cantinas. Eso sí, a las familias que tengan hijos en edad escolar debe exigírseles un solo requisito: que sus hijos estén asistiendo a las escuelas y colegios.

Para los más pobres entre los pobres, que ganan $ 5.000 pesos diarios, un subsidio como el propuesto duplica sus ingresos y estoy seguro de que el dinero se usará principalmente para comprar comida.

Nuestra plataforma ha desarrollado muchos otros temas. No voy a mencionarlos.

Sólo decir que en salud, debemos cambiar el esquema de las Administradoras del Régimen Subidiado que manejan el dinero del Sisben, porque se han convertido en un mecanismo de defraudar los dineros públicos, acabar con las instituciones hospitalarias y envilecer la profesión médica y sanitria.

En educación debemos priorizar a los jóvenes de las zonas de conflicto, para no dejarlos en las manos de las guerrillas, las autodefensas o el narcotráfico.

En empleo, lo primero que debe hacerse es derogar la reforma laboral de Juan Luis Londoño, que sólo ha servido para empeorar el empleo de los que ya lo tienen, sin generar de ninguna manera nuevo empleo.

En servicios públicos es hora ya de modificar las leyes existentes, que han permitido que las tarifas crezcan por encima de los ingresos familiares, de modo que cada día más se vive para comer y pagar agua, luz y teléfono. ¡Vamos a ponerle techo a las tarifas de los servicios públicos!

Claro que debemos aumentar las exportaciones. Pero la idea de que exportar es nuestra única salvación se olvida de que el 85% del producto interno bruto de Colombia lo genera el mercado interno y sólo el 15% las exportaciones. Queremos fortalecer la capacidad de compra de los colombianos y queremos crecer por encima de los valores mediocres de los últimos años con que Colombia ha venido creciendo, por debajo del promedio de América Latina.

No nos gusta el Tratado de Libre Comercio, TLC. Como va, sólo podemos mirar una perspectiva sombría en el futuro para nuestro sector rural, para los medicamentos, para nuestra soberanía jurídica. Doctor Uribe: si el TLC es tan bueno, ¿por qué no acepta un referendo para que sea el pueblo el que diga sí o no al TLC? ¿Por qué le tiene miedo a la democracia, señor presidente?

La corrupción debe ser erradicada del Estado colombiano. El actual gobierno habla mucho pero hace poco. Ni siquiera le ha dado prioridad a la modificación de la ley de contratación pública, en la cual hay 32 agujeros para eludir las licitaciones. Hay además que profesionalizar la carrera diplomática para que ella no sea botín con el que los hijos de los políticos van a estudiar a cuenta del erario público y se compran votos y conciencias en el Congreso.

Creo que debemos oponernos a la reelección inmediata ahora y siempre. El 7 de agosto del 2006, desde la casa de Nariño, donde llegaremos con el voto de los colombianos, presentaremos un proyecto de reforma constitucional prohibiendo de nuevo y de manera definitiva la reelección inmediata del presidente de la República, si es que la Corte Constitucional no la tumba antes.

Unas palabras sobre nuestras relaciones internacionales. Debemos cambiar el unilateralismo de nuestras relaciones con Estados Unidos. Por supuesto, hay que entenderse con ellos: son muy grandes y están muy cerca, pero en condiciones de dignidad nacional. Pero debemos dar una importancia superior a las relaciones con América Latina, nuestra Patria Grande, la América que soñó Bolívar. También debemos mejorar nuestras relaciones con Europa, con quien compartimos una historia común y una identidad en sus principios de humanismo y solidaridad. Hoy esa relación se encuentra en un nivel muy bajo. Y debemos además vincularnos con el Oriente, con la cuenca del Pacífico.

Creo indispensable que este Congreso apoye resueltamente la unidad con el grupo que encabeza el doctor Carlos Gaviria y con otras fuerzas y sectores independientes. Ello debe hacerse pronto. Mantengo la idea de que la consulta popular es el mejor mecanismo para definir un candidato unificado de todas las fuerzas del cambio. Pero acato lo que el Congreso defina al respecto.

Apoyo con entusiasmo a la Alcaldía de Bogotá. Es nuestra vitrina para el país. Le está yendo bien y estamos orgullosos de sus ejecutorias.

También un saludo muy especial a Angelino Garzón, gobernador del Valle, amigo y compañero desde los tiempos de la Asamblea Constituyente.

Tengo virtudes y tengo defectos. Ustedes me conocen bien. Hoy pido su apoyo con humildad. En sus manos está el futuro de esta gesta presidencial. Voten libremente. Voten con el corazón. Voten con la conciencia. Todas las encuestas muestran que el Polo y sus figuras van subiendo mientras Uribe va bajando. Esa tendencia se va a mantener. Por eso le advertimos al doctor Uribe que puede poner ya su barba en remojo. Hoy, 2 de junio, aquí en este sitio es el principio de su derrota.

Muchas gracias.



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