Varios elementos conforman las bases de acuerdo sobre las cuales construir una organización política de raiz popular, de estructura y reglas democráticas, más allá de los moldes clásicos de los partidos incubados en la democracia burguesa, con sus limitaciones y estereotipos. Pensar tales elementos es importante porque el PDA es un proceso en construcción, proceso que estamos empezando y que está sujeto, en su novedad, al método experimental del ensayo y error. Mientras menos se improvise, mejores opciones pueden entrar en juego.
Una premisa inicial: estamos construyendo algo inédito, diferente de los objetivos y la estructura de los partidos tradicionales, más específicamente de la concepción social-liberal predominante en el pensamiento organizativo posibilista de corte socialdemócrata. No solo se debe dudar de los esquemas clásicos. También de las experiencias unitarias anteriores, que han oscilado entre la tendencia a alejarse de las posturas claras y definidas de izquierda, en su compromiso con la lucha del pueblo y, por lo tanto, a conformar predominantemente partidos o movimientos electorales; y el durísimo costo impuesto por la guerra sucia a las organizaciones y activistas consecuentes de izquierda en su compromiso popular. Hoy sabemos que hay que asumir con valor y también con inteligencia e iniciativa la resistencia democrática a la guerra sucia y a todas las formas de represión y criminalización de la lucha popular, imponer en los hechos el derecho de la oposición a actuar y combatir, sobre la base de fortalecer la denuncia, la movilización de masas unitaria y poner en juego el más variado menú de recursos de agitación en el plano nacional e internacional.
Esta premisa tiene una consecuencia: ante todo debemos partir de lo que tenemos y de lo que ha venido resultando de la acción práctica en la lucha política de masas, la experiencia electoral y la movilización social de más amplio alcance, como efecto de la voluntad unitaria que es el eje del proceso actual del Polo Democrático Alternativo. El acumulado total nos lleva más allá del debate de si hay que crear un “partido de tendencias” o un “frente”.
Si fuera lo primero, llevaría a dos riesgos de tipo reduccionista: empaquetar la riqueza nacida del pluralismo y la diversidad en los moldes del legalismo vigente de la reforma de 2003, con su carácter restrictivo y antidemocrático; o convertir esa misma riqueza en una caricatura de “tendencias” de un aparato electoralista.
Si fuera simplemente un frente, tendríamos un acuerdo limitado, quizás solo coyuntural, sin proyección estratégica ni consolidación orgánica.
Porque estamos más allá de lo uno y lo otro, tenemos el deber de hacer un esfuerzo de originalidad en la organización del PDA. Y si una fuerza transformadora de la izquierda se define por sus objetivos, el centro de sus preocupaciones tiene que ser el de qué manera la organización coadyuva, orgánicamente, a la lucha por la construcción de un nuevo poder popular y a la lucha por la toma del poder con una base social, popular, nacional, de masas.
Una tal entidad política tiene que hacer algo que la diferencie del bipartidismo dominante y de las experiencias unitarias que han subestimado la construcción de organizaciones populares de base, por barrio, vereda, comuna o municipio, como resultado del proceso unitario y como su cimiento permanente. No basta construir la unidad por arriba. Para que sea efectiva en todos los niveles tiene que ser real y consistente en la base popular. No en todas partes será posible de inmediato. Hay que luchar para ganar el espacio y arrebatárselo al bipartidismo, al paramilitarismo y al indiferentismo político.
Loa experiencias de la elección de delgados al Congreso de unidad es aleccionadora. Existe una expectativa popular por construir el PDA como una respuesta y una alternativa al estado de cosas existente. Solo si asumimos la organización política como una creación colectiva, cuya existencia no depende exclusivamente de una bancada parlamentaria o de una dirección, sino que, además, ofrece en permanencia espacios, organismos e iniciativas para el debate, la iniciativa autónoma y la formación de los militantes y cuadros será posible cubrir el deseo vehemente de múltiples sectores ciudadanos que buscan nuevos caminos para intervenir en la vida política sin tener que pasar por las trampas del clientelismo.
Los comités de base tienen que ser el punto de arranque de una democracia organizativa de abajo a arriba y en cada instancia, de lo municipal a lo nacional. Las fuerzas políticas, que han sido las promotoras del proceso unitario llamado PDA a través del acuerdo político y de la voluntad de mantener y avanzar en unidad, tienen el deber de contribuir a articular un proyecto sólido. Que juega en lo electoral, pero está abierto a la lucha social, en su creciente complejidad. Que es, a la vez, un proceso en construcción, es decir, una creación permanente, cuyo objetivo es ser núcleo de la unidad del pueblo para el propósito de un país en paz, con justicia social, con plena soberanía, sin las desigualdades, la corrupción y la ignominia a donde lo ha conducido el régimen proto fascista y mafioso gobernante.
* Por Jaime Caycedo
Secretario General del PCC
Integrante de la Mesa de Unidad del PDA