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Carta abierta a Eduardo Pizarro
Tomado de El Tiempo
Domingo 11 de diciembre de 2005

Bogotá-. El perdón, la reparación y la reconciliación sólo son posibles sobre la base del esclarecimiento de los hechos.

Le escribo a Usted en su calidad de presidente de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación para ponerle de presente el caso de Carlos Pizarro Leongómez, asesinado el 26 de abril de 1990, siendo candidato a la Presidencia de la República de Colombia.

Más allá del parentesco que lo unía a Usted con la víctima y más allá de la renuncia que Usted y su familia hicieron a contribuir con la investigación del asesinato de Carlos, mi súplica tiene dos fundamentos. Primero, se trata de un caso de cuya satisfactoria resolución depende mucho la suerte de nuestra patria. Segundo, la convicción de que el perdón, la reparación y la reconciliación sólo son posibles sobre la base del esclarecimiento de los hechos.

¿Por qué es tan importante este caso? Carlos Pizarro no le pertenece a su familia y ni siquiera al M-19. Le pertenece a Colombia. Fue el primero en Latinoamérica en liderar un proceso de paz, dejando atrás las trincheras de la clandestinidad y de la fortaleza guerrillera para jugarse pleno en la contienda civil. Y lo mataron. La investigación oficial fue cerrada de manera apresurada e irresponsable, endilgándole a Pablo Escobar el magnicidio.

A los 10 años salió uno de los Castaño confesando la autoría pero enlodando la memoria de Carlos Pizarro para justificar el crimen y encubrir a los autores intelectuales. Porque detrás de los Mancusos, ‘Macacos’, ‘don Bernas’ y tantos otros presuntos jefes están los verdaderos, los que apoyaron, incitaron, permitieron y ordenaron muchos de los crímenes paramilitares. El paramilitarismo no es una rueda suelta dentro del establecimiento. Eso lo sabe Usted muy bien como estudioso que ha sido de los fenómenos de violencia.

¿Para qué el esclarecimiento de este crimen?

En primer lugar, para honrar a Carlos Pizarro.

En segundo lugar, para que los criminales no se sigan saliendo con la suya, que no sigan decidiendo desde la oscuridad quién vive y quién muere en Colombia, quién puede ser Presidente y quién no.

Y en tercer lugar, para que campesinos rebeldes, desconfiados y tercos como ‘Gabino’ y ‘Marulanda’ sepan que si hacen la paz y se desarman, habrá un Estado que les garantice la vida porque los que mataban a los que hacían la paz ya no mandan, dejaron de tener poder, sus nombres salieron a la luz pública, ya no son respetables ni respetados.

Créame, doctor Pizarro, que esta petición no tiene por objeto reabrir heridas de dolor ni de concitar venganzas. Cuando, horas después de asesinado Carlos, asumimos que el mejor homenaje que podíamos rendirle a nuestro último Comandante General era continuar con el camino de la paz, quemamos definitivamente los barcos de los odios y las retaliaciones. Así vencimos a quienes lo asesinaron.

Más allá de las diferencias ideológicas y políticas que Usted siempre tuvo con Carlos y con nosotros, nos une con Usted su afecto de hermano y la imperiosa necesidad de trabajar por la reconciliación de todos los colombianos. Pero ella no será posible sin una modesta dosis de verdad que nos alumbre y nos redima.

ottypa@yahoo.com



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